Monica DonaCon su figura menuda y ese aire algo bohemio de cantautora, Mónica Doña nos regaló una tarde de poesía cálida y otoñal.

Jienense de nacimiento y granadina de adopción, Mónica escribe una poesía libre, clara, limpia, a veces controvertida, pero nunca indiferente.

Dice que ahora “solo” se dedica a la poesía, su época musical pasó a mejor vida porque le apetecía un cambio, no tenía ganas de seguir cantando y era el momento de dar un giro a su vida artística, dejar la música y dedicar su creatividad a la poesía.

Pero no se veía preparada para entrar de lleno en un terreno tan importante, humildad ante todo, y prefirió adquirir conocimientos más profundos para definir su futuro poético.

Y así, como quien no quiere la cosa empezó con lo facil: leyendo a los poetas del siglo de oro español. Durante dos años, se forma estudiando a los clásicos hasta llegar a tener su propio plectro definido.

Su primer libro “Nueve Lunas” habla de diosas, de divinidades griegas, romanas, egipcias… un homenaje a la mujer a lo grande, dando un magnífico repaso a las deidades que han marcado la historia mitológica.

Con la “Cuadratura del plato” gana el X Premio de Poesía Vicente Núñez de Córdoba. Este poemario habla de algo tan cotidiano como son las cosas de casa, los “cacharros” como los llama Mónica.  Dice que escribir poesía no es difícil, las cosas están ahí, esperando a que se les dé vida a través de unos versos. Y Mónica les da vida con humor, con ironía, con nostalgia tal vez, pero seguro que con mucho amor.

Mónica Doña “no recita” sus poemas, ella les da  fuerza, les da vigor... los vive. Creo que esa forma de recitar le viene de su época de cantautora, le da la musicalidad y la cadencia adecuada a cada verso. Lentamente, despacito y con ternura, entona cada palabra de sus poemas haciéndolos grandes.

Entre Sábanas, Bayetas, Coladores o Bombillas, Mónica nos lleva a pensar con humor y sarcasmo en la brecha interna que todos, en algún momento, hemos sentido.

 Bombilla

Acaso a fin de cuentas

los hombres no son tontos

y siempre decidieron

llevarle la contraria a su creador.

 

Primero fue el fuego, luego

el candil y la vela,

y por fin la bombilla

con su conmovedora claridad.

 

Algunos hombres no, no se achicaron.

Supieron reaccionar cuando Dios dijo

¡que se haga la luz!

Y cada noche los dejaba a oscuras.

Monica Doña nos dice que es difícil cuadrar las cosas, la vida. Cuando creemos que todo está en orden algo falla, y la cuadratura esperada se vuelve redonda, no es lo convenido.

En uno de sus poemas habla de ese miedo que produce estar delante de un folio en blanco, a la espera de que fluyan las palabras, y cuando acaban por salir todas y no queda ni un solo trozo de folio en blanco, es la mente la que queda vacía y exhausta, pero con el regocijo de haber dejado plasmado en el papel, las letras que dan vida a una poesía, que será recitada y apreciada.

Pone titulo de pelicula para hablar de la familia, de la maternidad, de la despedida irremediable de los hijos, del pasado y del presente...del futuro.

 Tres generaciones

Para lavar la ropa

bajó la abuela al río.

La madre fue a los lavaderos públicos.

Hoy la familia está muy preocupada

pues pretende la nieta

lavar los trapos sucios

en medio de la plaza.

 Entre Tijeras, Guantes, Navajas o Espejos, la tarde se hizo un suspiro. La “cogimos a traición” y le pedimos que nos cantase algo. Sin estar convencida de su alcance para cantar después de tantos años, y aunque se le proporcionó una guitarra, declinó el instrumento y a capela, nos ofreció un fragmento de una de sus canciones.

También nos dió un adelanto de su próximo poemario que se presentará en Granada el cuatro de noviembre.

Mónica tenía un largo camino de regreso a Granada, pero nos dejó el dulce gusto de sus poemas y la suavidad de su voz. Desde Zafarraya le deseamos que su próximo trabajo sea todo un éxito.

Sábanas

Para la noche blanca

que se extiende en el lecho

como un mar recortado a la

medida.

Para la noche blanca

telas azuleadas

bajo el sol de la infancia

y el olor a lejía.

Dulce sueño,

caricia para la carne fría.

Azote para el cuerpo

que solitario arde y se defiende:

sudor, fiebre y orina.

Se descuelga el amor

desde las torres altas

por la escala de nudos,

dicen las fábulas.

Se amortaja el amor

cuando todo termina,

envuelto en sábanas,

dice la vida.

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